BioSejo

esto es —como [casi] diría Voet,D. et al. en el subtítulo de su libro de bioquímica— "Mi Vida a Nivel Molecular"… blog de sejo con colaboración de la sejoina, la sejosa, la sejasa, el sejinTriFosfato, y otras c-osas y cos-inas más

14:30 hrs, 23 de diciembre de 2008. Carretera, entre Morelia y Guadalajara. Mi familia y yo nos dirigíamos a donde pasaremos unos días de vacaciones. Yo iba conduciendo, en carretera por primera vez en mi vida, después de que mi papá me estuviera explicando varias cosas al respecto unos minutos antes cuando yo estaba de copiloto. Traía lentes oscuros y unos guantes de ciclismo. El paisaje estaba agradable, y noté que manejando por ahí no es tan fácil notar la velocidad a la que uno va. Mi papá me comentaba acerca de manejar casnado…

Unos vidrios en el suelo. Mis papás me advirtieron que tuviera cuidado. Metros más adelante, después de una curva y una bajada, vimos una obstrucción en la carretera, como un retén militar. Empecé a bajar la velocidad, me dijeron que frenara más. Nos acercamos mientras acelerábamos negativamente. Un hombre con una tela roja nos dijo que nos detuviéramos. Enfrente de nosotros había una pickup blanca descansando en el suelo con diversos daños. El suelo estaba tapizado de muchos objetos que al parecer estaban dentro del vehículo, me llamó la atención ver en el suelo platos blancos con flores. Al fondo se veía un par de personas rodeando a lo que parece ser un niño tirado, tenía sangre, y en el pavimento había un poco más de este líquido.

– Vas a bajarte? – preguntó mi hermano

– Sí

Ya tenía las luces intermitentes encendidas, detuve por completo el coche en el carril de la izquierda, que era donde estaba el niño. La pickup estaba en el carril de la derecha (sólo eran dos), y quedaba un pequeño espacio del acotamiento en la derecha.  No traía mi botiquín, pero sí mi bolsita con guantes de látex que siempre traigo. Dejé mis guantes de ciclismo, me bajé del coche y me puse los de latex mientras caminaba hacia el niño. Mis papás se encargarían de abanderar y dirigir el tráfico.

La pickup estaba a mi parecer destruida. Todo indicaba que chocó del lado derecho con el borde de rocas de la carretera. Se haya volteado o no, se hizo bastante daño. Seguí avanzando hacia el niño.

Había dos hombres sin playera, uno con su playera rodeando su antebrazo derecho, y otro con abrasiones en su espalda abrazando y hablando al niǹo. Además habían otras personas tratando de ayudar que venían de los carriles de la carretera en el sentido contrario al que veníamos. El niño lloraba. Me acerqué, me presenté, pregunté sus nombres y si podía ayudarlos. El niño tenía sangre en su frente, en su nariz, y en diferentes lugares puntuales de su cuerpo. Tenía la vía aérea abierta, ventilaba tan bien como se lo permitía el estar llorando sin gritar, el pulso se sentía rápido. En un principio no respondía, sólo lloraba, y el adulto que estaba con él trataba de animarlo, ignorando todo lo demás que sucedía a su alrededor.  No habían fracturas, sólo dos golpes en la frente, y raspones en todo su cuerpo. Después de un rato obtuve su nombre y su edad: 10 años. El hombre lo detenía como si estuviera sentado, ayudé a colocarlo en posición supina inmovilizando su cabeza, varias personas pusieron telas abajo y lo taparon porque el viento estaba frío. Revisé sus pupilas con ayuda de la luz natural: isocóricas normorrefléxicas, aunque la frente del lado derecho se empezaba a hinchar y no le permitía abrir ese ojo totalmente. Le quité un zapato para revisar en su pie su pulso, ya que sus brazos le dolían. Como parecía estar estable, pasé con el paciente que tenía su antebrazo cubierto.

Estaba confundido, mareado. Decía haberse hecho una cortada en el brazo, sangrante, y por eso se había amarrado su playera alrededor. Revisé, ya no sangraba más, pero le dejamos ese “vendaje” compresivo. A pesar de su estado, más o menos respondía. Me dijo que él estaba manejando, se durmió, no supo qué pasó, y al despertar se encontró en esa situación. Su compañero adulto y él iban con el cinturón de seguridad puesto, pero no su sobrino, que iba sentado enmedio de los dos, y salió proyectado por el parabrisas. Este paciente estaba estable pero confundido. Seguí reevaluandolos constantemente.

Mientras, la gente ya había llamado varias veces por una ambulancia. Mi mamá controlaba el tráfico para que los coches pasaran por el reducido espacio, donde tenían que bajarse un poco a la cuneta del borde. Varios camiones y trailers se fueron acumulando atrás porque ellos no pasaban, esto lo coordinaba mi papá. De los coches que pasaban, varios simplemente se seguían, otros se detenían a ver y mi mamá (y a veces yo) les gritaba que avanzaran, y otros nos agradecían. Para esto, varias personas que se habían bajado de sus coches, ayudaron a recoger las cosas que habían estado en el suelo.

Una joven se llevó en su auto al conductor, se ofreció a llevar a los demás, pero varias personas -no sólo yo, lo cual me pareció bueno-, dijimos que para llevarnos al niño necesitaríamos una tabla rígida para evitar más lesiones de columna.

En un momento llegó una familia, la madre, el padre y el joven hijo (más joven que yo), con cabello chino y largo. Llegaron porque en su coche traían una bolsa-válvula-mascarilla y querían ver si nos era de utilidad. Les dije que afortunadamente todavía no, porque todos estaban ventilando por su cuenta. Pregunté si sabían de primeros auxilios, me dijeron que no, pero traían eso, y querían saber si podían ayudar. En ese momento ya no había mucho que hacer. Como sea, el joven preguntaba a los automóviles que pasaban si tenían botiquín. Consiguió que una camioneta de valores se detuviera y que los tripulantes nos prestaran algodón y alcohol que traían. En el momento no fue útil, pero me pareció bueno el gesto.

Después de un rato que pareció eterno, llegó la ambulancia por los carriles del lado contrario a donde estaba la colisión (nótese, no acccidente). Se bajaron dos paramédicos. Yo ya había estado pensando cómo presentarles a los pacientes, sus lesiones, lo que había pasado, cómo habían ido evolucionando. Llegó uno de ellos, con guantes, no me dejó hablar, quitó a todos de alrededor del niño, pasó una pierna por encima del paciente, y parado encima de él, lo evaluó, hablándole como si lo regañara. Decidió ponerle un collarín, y como no traían collarines de ese tamaño, decidió ponerle una sudadera. Ofrecí mi ayuda, y la aceptó, me pidió que metiera la sudadera mientras él hacía una pobre inmovilización de cabeza. Ya que pusimos el sustituto de collarín, le dije que yo iba a detener la cabeza, y ahí me quedé. Le dijo a su asistente que hiciera una rápida exploración física. El asistente no traía guantes, y al parecer estaba aprendiendo empíricamente a ser un paramédico. Encontraron igual que yo que al niño le dolía un brazo, mas yo había visto que sólo era una herida más profunda, no sangrante. El paramédico con guantes decidió ponerle una férula neumática, y para ponérsela en el brazo, lo levantó de la mano sin detener nada más, procedimiento que habría sido horrible si hubiera habido una fractura real. Luego decidieron empaquetarlo en su tabla rígida pediátrica con ayuda de otras dos personas. Pusieron la araña, luego los head holders, y el asistente puso la banda que va en la frente de tal forma que no detenía a la frente. Pedí la ayuda de una persona para que detuviera los head holders mientras yo colocaba correctamente la banda. Ya empaquetado, me sorprendieron al pedir la ayuda de dos personas más para cargar a esa ligera tabla y persona.

Como ir a la ambulancia implicaría cruzar la carretera, y los paramédicos no tomaron su equipo, lo tomé y me fui atrás de ellos. Personas ayudaron a detener a una camioneta para poder cruzar. Subieron la tabla directo al carro camilla arriba de la ambulancia, y vi que en los asientos/cama de al lado, estaba el paciente que minutos atrás se había llevado la joven. Al adulto que estaba cuidando al niño (era su tío), lo pusieron en otro asiento. Les di su equipo, me despedí del niño, el paramédico de guantes me agradeció.

Así, entre 30 y 40 minutos después de que me bajé del coche después de haber manejado por primera vez en carretera, acabó mi primera atención de esa magnitud, donde haber traido guantes siempre conmigo rindió sus frutos.

Obviamente mi atención no fue perfecta, hubieron varios errores. No tenía experiencia real en ese sentido (pero sí mi excelente preparación en mi curso de Técnico en Urgencias Médicas Básico con Urgemed, y el plus del curso PHTLS [PreHospital Trauma Life Support]), y además, estaba yo solo y sin equipo. Como sea, acabando supe que di de mi lo más que pude y que la situación me permitió; y me dieron muchas ganas de seguir en estos asuntos, mejorando y aprendiendo en cada caso y paciente.

Estuvo intenso, pero se siente genial saber y poder ayudar.