BioSejo

esto es —como [casi] diría Voet,D. et al. en el subtítulo de su libro de bioquímica— "Mi Vida a Nivel Molecular"… blog de sejo con colaboración de la sejoina, la sejosa, la sejasa, el sejinTriFosfato, y otras c-osas y cos-inas más

Capítulo I

Esta es la historia de Tomás. Tomás es un joven o un viejo que vive en donde sea conveniente que viva para que esta historia tenga sentido en el lector. De hecho, no sé si es, fue, o será, pero preferiré hablar de él en presente para que su historia suceda mientras el texto la hace suceder. Contarlo en pretérito sería ya muy convencional, y escribirlo en futuro me suena a algo muy profético. ¿Qué tal si después de leer esta novela provocamos la existencia de Tomás así como se describe? ¿O qué tal si después de leerla hacemos que más bien su existencia no sea así?

Tomás tiene ese nombre porque debía llamarse de alguna forma. Ni a él ni a mí nos hubiera gustado referirnos a su persona como “Él” durante toda la novela. La letra “E” en mi teclado acabaría más gastada de lo que ya está. Además, de esa forma algunos podrían haber pensado que esta historia es sobre Dios: grave error. Tomás no es Dios, solo es muy brillante, parte por la grasita en su cara, parte por las experiencias que lo formaron. Le gira tanto la rueda donde corre la ardilla sin girar ella como tal, que posee una característica muy particular: él sabe que es el personaje principal de esta novela. No solo eso, también sabe que su situación no es novedosa, que otros autores han jugado con la idea, y que en sí nada en este texto en realidad es original. Sin embargo, eligió existir a través de las letras, y eso me interesó tanto que quise escribir acerca de él.

Tomás es bastante normal en los demás aspectos de su vida. Pero no normal corriente o normal promedio, más bien normal usual que no debe confundirse con normal casual y menos con normal causal. A pesar de su inteligencia, suele desesperarse con los juegos de palabras. Gusta del café: es su color favorito. Su bebida favorita es el redundante té chai. Duerme bien, se alimenta adecuadamente, se enamora de las personas sin importar su sexo, quiere conocer Roma. Normal.

Tomás utiliza el metro para transportarse pero también para conocer gente. De hecho ahí conoce a su amigo argentino. Este amigo notaría que nos encontramos en el tercer párrafo seguido que empieza con el nombre de Tomás. La verdad es que no es argentino, pero habla como tal para que sus palabras suenen literarias. Y literalmente no conocemos su nombre, así que lo podemos llamar Julio, Jorge, Oliverio, El Plateado, o solo El Argentino. El lector será elector y decidirá cómo llamarlo.

Van los dos en un vagón del metro. Tomás, que ya no es la primera palabra del párrafo, está de pie, colgado con su mano derecha porque no es diestro usando la mano izquierda. Observa a la gente: obesidad que se alimenta de alimentos indicados para la obesidad. El problema no es que estén gordos, piensa, el problema es que no busquen cuidarse y mejorar. Y peor aún, se conforman dándose amor entre ellos. Incondicionalmente. No tienen razones para evitar su situación, no tienen qué buscar porque ya tienen todo. Necesitaríamos inercia grupal para salir del problema, sigue reflexionando Tomás. Lo bueno es que a mayor masa, es más fácil mantener en movimiento un cuerpo o un conjunto de ellos.

Pero también cuesta más sacarlo del estado de reposo, piensa Julio. Y hasta las leyes físicas suenan mejor con acento argentino, se desvía. Él va apoyado en un tubo vertical, sin notar que las pequeñas personas vuelan en el vagón porque no alcanzan a colgarse de arriba, y son demasiado temerosas como para pedirle espacio para tomarse. Tampoco nota, ni él ni la gente, que si voltea la cabeza de lado su tubo no es vertical sino horizontal, que queda muy lejos del suelo, y que tiene que acostarse en él para evitar caerse.

Una viejita llega caminando por el pasillo. Está llorando, dice que fue abandonada por su familia cuando le diagnosticaron cáncer. Pide dinero. Usa un vestuario adecuado para la ocasión. Tomás ya vio el performance ayer antes de que yo empezara a escribir sobre él. Aplaude la actuación de la mujer pues no cualquiera controla sus lágrimas y menos con esa calidad de guión. El Argentino entiende que si ella dice Señores Usuarios es porque está parodiando a los vendedores ilegales y está presentando un análisis profundo sobre la sociedad en el transporte público. Los dos le dan el dinero que pagarían en una función de teatro para inteligentes, y le dicen que hubiera sido una excelente alumna en la Escuela Nacional. Los señores usuarios piensan que ella habla en serio: se compadecen y donan un poco de su cambio, o la ignoran porque no quieren que les pegue su mala suerte.

Lo importante aquí es que Jorge y Tomás le dicen lo mismo a la vez: mismas palabras, misma intención, mismo tono. Diferente acento. Se voltean a ver a los ojos. Se detiene el tiempo pero no se dan cuenta porque es necesario el tiempo para pensar y para darse cuenta de algo. Se reanuda el tiempo. Se detiene el tren. Jorge se levanta del tubo y antes de caer voltea su cabeza de regreso. Hola, soy el argentino. Hola, soy Tomás, el personaje principal de este relato ridículo. No te creo, ¿el autor sabe que sabes eso? No sé, ni sé si él sepa que yo no sé si él sabe que yo sé que soy el personaje principal de este relato ridículo. Mucho gusto.

Hablan de lo que hablan las personas que se conocen en el metro. Más bien hablan de por qué casi nadie se conoce en el metro. Multitud formada por individuos aislados, cada uno busca aparentar que ninguno de los otros existe. Sin embargo, cada uno tiene una historia, más o menos ingeniosa dependiendo de su autor. Ha de ser culpa del olor que les recuerda que son humanos, aunque no lo sean porque solo son letras ordenadas. O la música, seguro con música todos se animarían. Hace falta educación dancística y musical. ¿Eres de Argentina?

Platican de sus ocupaciones, de sus novias y novios, del mismo hecho de que estén platicando. Mencionan a Karla Paola, coinciden en considerarla atractiva a pesar de su nombre. Se cuestionan por qué no están hablando en francés para sonar más artísticos. Discuten los roles de género y también los roles de canela. Ignoran por qué hablan de temas tan variados. Se bajan en estaciones que no les corresponderían porque también gustan de solo caminar solos.

Tomás se pregunta si su existencia depende de las personas o personajes que lo rodean. También me lo pregunta a mí y se lo pregunta al que lee. Yo puedo hacer algo al respecto, lo demás solo es cortesía. Él podría simplemente vivir al momento en una aventura por las montañas, consumido por sus pensamientos y con su miedo de por medio. Una mente da para mucho, especialmente la suya, pero mi intención no es abrumar con sus ideas en soliloquio. Mejor hacer que su historia gire en torno a otros personajes y definirlo respecto a sus relaciones con ellos. Sea como sea, Tomás indica que si bien no estamos solos en su cabeza, en este momento sí estamos solos en la mía.

Dos individuos más se acercan decididos a Recursos Humanos, cobran vida mientras otros cobran su sueldo. Él, joven esbelto, es Berto: Roberto, Alberto, Gilberto, Humberto, Rigoberto; y vende malteadas. Ella es Natalia y estudia medicina. Se sabe que él cree que sabe todo y que ella cree que sabe nada. Anfibologías para todos, les dice el encargado de la oficina. La chica, que podría tener más nombres pero solo tiene uno, está ahí porque tuvo un ataque de confianza y autoestima. Replicó los experimentos del fisiólogo Guyton y memorizó los doce pares craneales en dos pares de minutos. Sintió que su vida valía y eligió cobrarla. El Flaco suele carecer de flaqueza y pensó en acompañar a Natalia porque logró arreglar una lavadora. Anfibologías para todos, repite el encargado.

Este señor es casi desconocido para Tomás. El Plateado nos dona su opinión, comenta que es el Don sin dones. Todos mastican su propio pan agujerado o agujereado. El asunto es que Tomás quiere a Natalia pero también quiere al Berto. La historia es que al segundo lo conoce al segundo día de febrero en una iglesia. Ninguno cree ser creyente, Roberto más bien se entrevista para un proyecto de malteadas temáticas, y el personaje principal está ahí porque yo se lo indico. Muchas personas se encuentran en el templo, por eso son religiosas. Afuera hay actores y no actores ganando hoy su pan de cada día. Tomás no sabe qué hace en ese lugar, hasta que ve a Gilberto.

Caminado seguro con una presencia de riesgo. Convoca hasta a la mirada y al deseo del hombre más temeroso que regresa a confesarse. Dios sube el volumen de su coro para no perder protagonismo. Sonrisa energética y satisfecha por sus negocios exitosos. Fuerte y alto, inicios de barba, ojos negros que atraviesan la oscuridad de sus gafas. ¿Quién dice gafas? Entonces le recomiendo a Tomás que vaya a hablarle. Él se niega a pesar de saber que si lo hace o no es porque yo mismo lo escribo.

Cada uno de los asistentes es un propio planeta o estrella, durante la ceremonia llegan a su perigeo mutuo. Siguen habiendo minutos de luz entre ellos. Entonces Tomás es llamado por Oliverio. Tomás es ya amado por Oliverio. Anímate le dice, no hay que perder aunque no hay qué perder. Finalmente resulta que Gilberto es un artista frustrado. La culpa es del mundo, todos están mal, no merecen entenderme. Nuestro personaje se sabe impresionado y con poco criterio frente al Flaco, ese olor y esa cercanía lo hacen olvidar que lo estamos leyendo. Todos los hombres son estúpidos, pero más estúpidas son las personas que caen por ellos.

Por otro lado está Natalia. Ella es una alumna muy aplicada e inteligente. Afortunadamente no se considera intelectual, no es desesperante alardeando su cultura que existe o no. No se viste, peina, maquilla o vive de forma alternativa, o sea de la misma forma que todas las chicas alternativas. Su pretensión es no ser pretenciosa. Obviamente es bellísima: tiene los ojos multicolor, la piel lisa y suave, cabello que se acomoda solo, risa que genera sonrisas. Es corredora pero parece bailarina con su cuerpo tonificado, movimiento grácil, porte que cautiva. Tiene dignidad y por tanto es soltera, aunque no se cierra a la posibilidad de que haya alguien que la pueda complementar. Tomás babea ante la idea de ella, y se deshidrata sabiendo que sí existe. Qué bonito mundo es ese que yo describo.

Se encuentran en una cafetería. Las mesas son para cuatro personas a pesar de su tamaño. No es la hora de la comida pero sí es una hora en la que se puede comer. Tomás acaba de llegar y empieza a buscar dónde sentarse. Solo quiere comer solo, y en su mente regaña a toda esa gente que utiliza una mesa por persona sin dejarlo estar en soledad. Muchos de ellos quisieran estar en compañía de alguien, y más tarde comentarán con sus amigos su odio por comer sin ellos. Olvidamos que todos los conocidos antes eran desconocidos.

Natalia quiere protagonizar este párrafo. Se siente y se sienta bien. Come su pasta mientras lee de anatomía en el Moore. El geniogloso, hiogloso, estilogloso y palatogloso trabajan para que su lengua húmeda le permita ingerir. Las ilustraciones del libro se quedan cortas intentando ser reflejo de las maravillas que puede lograr el interior de su boca. Movimiento armónico y viscoso, la crema de su comida mezclada con saliva. ¡Referencias sexuales! Los críticos literarios ya podrán estar a gusto con el texto.

Tomás decide comenzar un párrafo más siempre y cuando lo termine con ella. Mueve la silla, se posa. ¿Y tú quién eres? Ni yo sé quién soy. El oficial de seguridad privada hace pública su presencia con un poco de carraspeo lejano. Las palomas en la ventana caminan y su cabeza oscila rápidamente. No son blancas porque más bien son de Mexicali. El tiempo se vuelve a detener, nadie se da cuenta de nuevo. El tren sigue avanzando. Los rayos de luz reflejados por los ojos de ella se dirigen a las pupilas de él, ingresan y lo conmueven. Viceversa. Qué exageración, pensamos todos. El oficial se asegura de estar haciendo su trabajo y camina. Llega Humberto y pregunta por tortillas de harina para su alambre. Sin doble sentido, siento. Natalia corre, lo ve saliendo y lo besa riendo. Pero solo son amigos, y solo queda Tomás un rato. No terminó con ella, apenas empezó.

Julio llega a hacer compañía. Mueve una silla, otra se cae, la cuarta se queda suspendida, él toma asiento. ¿Tomás, vos tomás? El personaje se empieza a desesperar. Té, Tomás, ¿té tomás? Ansiedad y crisis de identidad, todo es un juego de palabras. Andá, té invito. Acepto pero no entiendo qué está pasando en esta historia. Habrá que seguir leyendo.

 —

Esto lo entregué el 13 de octubre de 2012 para la materia de Escritura Creativa con Guillermo Espinosa. La idea era escribir el inicio de una novela.

(Actualización, 18 de octubre)

El profesor me envió el siguiente comentario (la referencia a Capote es porque se supone que había que basarse en Breakfast at Tiffany’s)

Muy bien José Manuel, me gustó lo que hiciste. No veo faltas de ortografía, la redacción está bastante bien y el estilo también. No te apegaste a la forma de Capote pero no importa porque conquistaste la tuya propia. Tu nota de novela es 100