Me angustio sentado y me siento angustiado.
Me altera no verte:
¿Qué pasará sin tí?
¿Qué pasará sin mí?
No te percibo en mi mundo,
Hay muy pocas conexiones.
Hilos de espesor nanométrico de átomos de carbono.
Vienen hacia mí y mi materia los reconoce.
Llegan hasta tí, y quedamos unidos.
Intercambio paulatino de electrones.
De pronto tengo una mínima parte tuya.
Tú tienes un pedazo de mí.
Entras al campo de visión.
Cambios físicos.
Los iones se mueven y llega tu imagen.
Vesículas que liberan su contenido.
Un complicadísimo camino, y al final me siento feliz.
Te acercas.
Ojalá sintieras igual.
Te esperé y no estabas.
Tampoco la taza ni el agua caliente. Un hilo con bolsa de papel.
Sigo aquí.
¿Quién eres?
Porque no dejo de esperar
No dejo desesperar.
Cambias y cambios bruscos: busco, me pierdo.
Mientras, estoy sentado.
No estudiando, pero sí comiendo, derecho. Y los veo. A todos.
Se ríen, viven.
La vida es un hecho, opinan. O así la dan. Algunos, porque otros ni a eso.
Y uno que se cuestiona lo que percibimos, cómo lo hacemos, por qué lo hacemos.
El frío, la vista. Sentimos gris, y llueve.
No estás. No es grave ni agudo; fatal es cuestionable.
Hay problemas mayores. Empezando por todos ellos. Míralos, lineales. Tú no.
Después los que mueren, desaparecen. Mi mente carece de ellos. No de tí.
¡Nuevo producto! ¡Anza, a cuatro noventa y nueve el kilo!
¿y eso tan interesante que vendes?
Es Pera.
[Free as in freedom]
Veo a las máquinas de café que funcionan a base de cápsulas como un claro ejemplo del software cerrado. Sólo puedes usar el tipo y marca específico de cápsulas, y dependes de que el fabricante las siga produciendo y comercializando. Si se descontinúan, te quedas con una máquina inservible.
En cambio, con una cafetera común, o sin cafetera en sí, -el análogo del software libre- uno no depende del productor de café ni de alguna compañía que fabrique el aparato. Además, uno puede prepararse la bebida como uno lo desee, experimentar con ella y personalizarla.